martes, 9 de febrero de 2016

Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén - Wikipedia, la enciclopedia libre

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Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén

Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén

Ordo Equestris Sancti Sepulcri Hierosolymitani
GA Ordre du Saint-Sépulcre.svg

Armas de la Orden del Santo Sepulcro

Activa 1098 - Actualidad
Fidelidad Santa Sede
Tipo Orden de caballería católica
Función Proteger el Santo Sepulcro
Tamaño 25.000 miembros aprox.
Comandantes
Comandante actual Cardenal Edwin Frederick O'Brien
Insignias
Símbolo de

identificación
Cruz de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén
Cultura e historia
Lema Deus lo vult
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La Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén es una orden de caballería católica que tiene sus orígenes en Godofredo de Bouillón, principal líder de la Primera Cruzada. Según las opiniones más autorizadas, tanto vaticanas como hierosolimitanas, comenzó como una confraternidad mixta clerical y laica de peregrinos, que creció gradualmente alrededor de los Santos Lugares de la cristiandad en Oriente Medio: el Santo Sepulcro, la tumba de Jesucristo. Su divisa es Deus lo vult (Dios lo quiere).


Creada en 1098 por Godofredo de Bouillón, duque de la Baja Lorena y Protector del Santo Sepulcro, tras la victoriosa primera cruzada, es reconocida como la Orden más antigua del mundo.


Su objetivo primordial fue proteger el Santo Sepulcro de los infieles con la ayuda de 50 esforzados caballeros. Balduino I de Jerusalén (hermano de Godofredo) la dotó oficialmente de su primer reglamento, a imitación del Temple y el Hospital. Entre sus hechos más gloriosos, la Orden luchó valerosamente junto al rey Balduino I de Jerusalén
en 1123, participó en los asedios de Tiro en 1124, de Damasco (durante
la Segunda Cruzada, en 1148) y de San Juan de Acre en 1180.


Tras la toma en 1187 de la ciudad santa de Jerusalén
por de los musulmanes de Saladino, la Orden se trasladó a Europa y se
extendió por países como Polonia, Francia, Alemania y Flandres. A partir
de entonces, se dedicó al rescate de cautivos cristianos de manos
musulmanas. En España, también obtuvo protagonismo al intervenir en
numerosas batallas de la Reconquista contra los invasores musulmanes.


Los componentes de la Orden siempre han sido distinguidos miembros de la nobleza europea. En 1489, el papa Inocencio VIII
incorporó la Orden a la de los hospitalarios, aunque en algunos lugares
(como España) conservó su autonomía para convertirse en una entidad
honorífica y dedicada a las obras de caridad, con un régimen especial
dentro de la Iglesia católica. En 1847 el papa Pío IX
le confirió unos nuevos estatutos. Actualmente subsiste dedicada al
sostenimiento del cristianismo en Tierra Santa y conservando (como la Orden de Malta o la Orden Teutónica) un papel honorífico y particular dentro de la Iglesia católica.



Índice

Historia


La historia de la Orden pasa por varias fases:


Fase canonical

Esta primera fase antecede a la formación de la propia Orden. Se inicia tras la devoción por los Santos Lugares de Santa Elena, madre del emperador Constantino “El Magno”, instaurador del Cristianismo en el Imperio Romano en el año 313.
Llevada por su devoción al Santo Sepulcro, viajó a Jerusalén en busca
de su ubicación, que le sería descubierta por un piadoso judío llamado
Quirino.


A fin de honrarlo, mandó que se levantara un templo suntuoso, en
honor de la Gloriosa Resurrección de Jesucristo, construido alrededor de
la montaña del Gólgota y del sepulcro de Cristo. Seguidamente
estableció allí un cabildo de Canónigos, llamados así por el “canon” o
regla con el que Santa Elena había organizado la subsistencia y deberes
de aquellos religiosos. Para la custodia y conservación del Santo
Sepulcro, estos religiosos se ayudaban de varios hermanos seglares,a los
que dio por insignia una cruz formada por las cinco cruces rojas en
recuerdo de las cinco llagas de Nuestro Señor.


La separación de las Iglesias les convertiría en cismáticos y la
ocupación por los musulmanes de los Santos Lugares en el año 638 les
reduciría a una penosa subsistencia. Pero lograron sobrevivir hasta la
conquista de Jerusalén por los Cruzados en el año 1099, tras la que Godofredo de Bouillón
los expulsó por cismáticos y los substituyó por Canónicos Latinos,
fieles a Roma. Pero no se conformo sólo con este un simple cambio de
canónicos. Siguiendo el espíritu guerrero de la época, les añadió un
grupo de caballeros que pasaron a constituir así una Orden de
Caballería, religiosa y militar, porque el templo del Santo Sepulcro no
se protegía sólo con plegarias. Que los clérigos empuñaran las armas,
convirtiéndose en unos sacristanes armados, chocaba con los cánones
religiosos. Aunque la guerra contra los infieles que habían ocupado
Tierra Santa fuera justa y lícita, se prohibía absolutamente a los
clérigos, bajo pena de excomunión, matar a otro hombre con las armas,
siquiera fuera un musulmán y en legítima defensa.


Fase heroica

Transcurre en Tierra Santa
entre los años 1099 y 1247. Los Caballeros Sepulcristas se encargaron
de proteger el Santo Sepulcro y ayudar militarmente a los reyes de
Jerusalén, de quienes dependían directamente, pues en ellos recaía el
Maestrazgo de la Orden, si bien lo tenían delegado en el Gran Prior
Sepulcrista.


Parece ser que la intención de crear una Orden de Caballería la adoptó Godofredo de Bouillon tras la batalla de Antioquía en 1098. Cuando se le propuso que - siguiendo la tradición - armara caballeros sobre el campo de batalla
a varios escuderos que se habían distinguido por su arrojo en la misma,
prometió a Gontier de l’Aire que esperara, pues le investiría Caballero
cuando hubieran conquistado el Sepulcro del Señor.


Según el Conde Alphonse Couret, la Orden del Santo Sepulcro nace
espontáneamente tras la conquista de Jerusalén por los cruzados en el
año 1099, impulsada por la devoción de los cruzados al Santo Sepulcro.


Sería el propio Godofredo de Bouillon quien, tras ser aceptado por todos como Protector de Jerusalén, se encargó de organizar la asistencia religiosa del Santo Sepulcro, encomendándolo a veinte canónigos del clero regular que deberían entonar perpetuamente los oficios divinos y celebrar los Santos Misterios.


Mas no bastaba con substituir unos canónigos por otros. Estos
pacíficos monjes, cuya vida transcurría entre oraciones y ayunos, eran
incapaces de defender el Santo Sepulcro de profanaciones y de proteger a
los desvalidos que lo visitaban en peregrinación. Las murallas de
Jerusalén no eran amparo suficiente, máxime cuando los Reyes de
Jerusalén casi siempre estaban en campaña, apartados de la capital y sin
dejar casi nunca guarnición, por lo que la ciudad quedaba al cuidado de
sus habitantes. Era preciso suplir la insuficiencia de los ejércitos
cristianos, y establecer una milicia permanente formada por caballeros
escogidos que protegiera Jerusalén, en especial el Santo Sepulcro.


Según el cronista francés André Tavin, la Orden de Caballería del
Santo Sepulcro es la primera y más antigua de todas las órdenes de
caballería creadas en Tierra Santa. Sus fratres, canónigos y caballeros,
se distinguieron ya como guardia noble que velaba y protegía el Santo
Sepulcro. Atrajo a numerosos príncipes y señores, que peregrinaron a
Jerusalén. Obtuvo el reconocimiento de Reyes y Pontífices, cuando aún no
existían los Templarios, salidos de sus filas, y los Hospitalarios
y Lazaristas solo eran hermanos enfermeros que no salían de sus
hospitales y lazaretos. Por ello, la Orden del Santo Sepulcro recibió la
primacía sobre las demás Órdenes en todos los actos religiosos y
oficiales, de la que goza todavía hoy en día.


Durante unos años se interrumpieron todos los cruzamientos, pero en 1238 un grupo de franciscanos
fue admitido en Jerusalén por el Califa y pudieron reiniciarse las
peregrinaciones, aunque por pequeños grupos de cristianos desarmados que
habían de pagar un peaje para poder entrar. La tregua con los
sarracenos permitió reanudar los cruzamientos ante el Santo Sepulcro,
aunque ya sin la solemnidad de antaño, sino en silencio y en la
intimidad, para evitar llamar inncesariamente la atención en una ciudad
controlada por los infieles. Aacabada la tregua, deberán abandonar la
Jerusalén ocupada y regresar a sus lugares de origen en Europa,
surgiendo así los llamados Caballeros Peregrinos. Tenemos testimonios de
peregrinos
cristianos llegados a Jerusalén, bajo la tolerancia de los gobernantes
islámicos, que allí se cruzaban caballeros del Santo Sepulcro, surgiendo
así los llamados Caballeros Peregrinos.


Desde 1238 a 1496
tenemos numerosos ejemplos de caballeros Sepulcristas armados ante el
Santo Sepulcro, pertenecientes a las más ilustres familias europeas. En
1279 tenemos a Jean de Heusden, noble flamenco; en 1309 a Gossin
Cabilau, noble flamenco; en 1244 Godefroid de Dive, noble francés; en
1295 el Conde Jean X d’Arkel, tataranieto de Jean V d’Arkel, armado
caballero en 1176; en 1325 Roberto de Namur. Sigue una larga lista de
caballeros, condes y príncipes, procedentes de todas las partes del
mundo cristiano, que son armados caballeros Sepulcristas ante el
sepulcro de Cristo.Reciben así la más preciada recompensa a su atrevido
viaje y a los muchos peligros y privaciones sufridas en el mismo, al
recibir la más alta muestra de honor que un caballero cristiano podía
esperar.


Fase Peregrina

Esta tercera fase transcurre ya en Europa, entre 1247 y 1847. Se caracteriza por la fragmentación inicial de la Orden en seis grandes Prioratos: Capua (Italia), Calatayud y Toro (España), Orleans (Francia), Miechow (Polonia) y Warwick (Inglaterra). Como consecuencia de la Bula de 1489 de Inocencio VIII y del cisma inglés de Enrique VIII, se redujeron a tres: Calatayud (España), Orleans (Francia) y Miechow (Polonia).


En 1484, el papa Inocencio VIII, ilusionado con la idea de preparar
una gran cruzada contra el Islam, dirigida por D’Abbuson, Gran Maestre
de la Orden de San Juan, decidió contribuir a la misma incorporando a
los Sepulcristas y Lazaristas con todos sus bienes a la Orden de San
Juan de Rodas, a fin de resarcir a ésta de los fuertes quebrantos que
había sufrido durante el asedio otomano. Lo realizó mediante su Bula “Cum solerti meditatione”, del 28 de marzo de 1489, que provocaría la protesta y la desobediencia de los reyes de España, Francia y Polonia. Solo se obedeció en los Estados Pontificios.


A instancias del rey Fernando II “El Católico”, mediante su Bula de 29 de octubre de 1513 el papa León X separó a los Sepulcristas hispanos de la unión con Rodas que Inocencio VIII había hecho de esta orden. En Francia, un decreto del parlamento de París de 16 de febrero de 1547 declaró la citada Bula abusiva y contraria a las leyes del reino.


Esta situación duraría pocos años. En 1496 el papa Alejandro V, a instancias del emperador Maximiliano I
y de los reyes de España y Francia, considerando que los Caballeros de
Malta hacían un solemne voto de castidad que no hacían los caballeros
del Santo Sepulcro, anuló dicha Bula y anexionó los Caballeros
Sepulcristas a la Santa Sede, ratificando así su doble carácter de Orden
ecuestre y pontificia.


El pontífice se declaró él mismo y sus sucesores Gran Maestre de la
Orden, y facultó al Guardián del Santo Sepulcro, como Vicario Apostólico
en Tierra Santa que era, para conferir la Orden a los peregrinos de
Tierra Santa que diesen una ofrenda al efecto y jurasen que eran de
noble linaje. Se lograba así la supervivencia de la Orden, aunque no se
consiguió que los hospitalarios le devolvieran sus antiguos bienes en
los territorios en que los habían usurpado, como Castilla, Portugal e Italia.


En esta fase, la Orden conserva un estricto espíritu nobiliario. La
Santa Sede y los reyes de las dos monarquías europeas más importantes
(España y Francia) se disputan su control y quieren ejercer su
maestrazgo. En 1746,
la Santa Sede resuelve la polémica, atribuyéndose en exclusiva el
control de la Orden de Caballeros del Santísimo Sepulcro de Jerusalén
por Breve de Benedicto XIV.


Fase Protectora

Actualmente, nos encontramos en la cuarta fase, que se inició en 1847 y llega hasta nuestros días. En dicha fecha se firmó el Concordato
entre la Santa Sede y el sultán otomano que dominaba Tierra Santa, que
permite la Restauración del Patriarcado Latino de Jerusalén, e
inmediatamente se vuelve a tratar de la Orden de Caballeros del Santo
Sepulcro, reconociendo sus privilegios y todo lo anteriormente regulado
por la Iglesia sobre ella.


La Santa Sede restauró la Orden de Caballería del Santo Sepulcro, a la que reconoce “una gran antigüedad”. El Papa afirma que “le consta por documentos fidedignos
que, desde el siglo XV, el Padre Guardián del Santo Sepulcro, residente
en Jerusalén, ya admitía por concesión apostólica como Caballeros a
varones beneméritos en esta Orden de Caballería del Santo Sepulcro y le
ratifica para que pueda seguir ejerciendo dicho privilegio.


Destacamos los citados Breves Pontificios, porque en ellos el papa
Pío IX se refiere siempre a la antigua Orden de Caballeros, a los que
años tarde se incorporarían también las damas, al autorizar su ingreso en la Orden, como también había sucedido en los primeros tiempos de la Orden.


Estatutos

La Orden Sepulcrista se regía por sus propios Estatutos o Assises. Se conserva aún la copia que mandó realizar el rey francés Luis VIIen 1149,
para que sirviera de norma para la Cofradía de la Orden del Santo
Sepulcro que, al ejemplo de esta Orden, constituyó en Francia y para la
que redactó unos Assises o Estatutos similares a los que la Orden tenía
desde su fundación.


En este documento se establece que Godofredo de Bouillon se reservó
para sí el Maestrazgo de la Orden que, a su muerte, pasaría a los Reyes
Latinos de Jerusalén.


En el mismo, se establecen dos categorías de miembros de la Orden: Miles (Caballeros) y Presbyteri (Canónigos), además de mencionar a los Viatores
(Peregrinos). Se recoge que los reyes delegaban su mando en un Tenente,
y se desarrollan las obligaciones que tenían los Caballeros, “proteger con las armas, combatir y hacer la guerra” , y los Canónigos, “rezar y celebrar los oficios divinos en la Iglesia del Santo Sepulcro”.


En consecuencia, la Orden mantuvo una guarnición en Jerusalén,
mientras esta ciudad estuvo en manos de los cristianos. Las Crónicas nos
hablan de los Caballeros que hacían guardia permanente ante el Santo
Sepulcro y de los Custodios o Guardias armados auxiliares que, en número
de quinientos, debían proveer al ejército de los reyes de Jerusalén, y de su participación en numerosas batallas. La pérdida de la ciudad a manos de Saladino
y la destrucción del Reino Latino la privarían de su carácter guerrero
y, al igual que las otras Órdenes, tendría que luchar por su
supervivencia adaptándose a las nuevas circunstancias.


Los Caballeros del Santo Sepulcro fueron los más afectados por la
pérdida de Jerusalén, pues hubieron de abandonar la guardia que hacían
en los Santos Lugares sin disponer de otra base a donde replegarse. A
diferencia de los templarios y hospitalarios, las fortalezas
Sepulcristas estaban todas en la ciudad santa. Al perderse ésta,
hubieron de abandonar todas sus residencias y establecimientos.


La Orden en España

En España, país con gran devoción por el Santo Sepulcro, siempre
habían sido frecuentes las peregrinaciones a Tierra Santa y los
cruzamientos de españoles como caballeros Sepulcristas.


Su poder llegó a ser comparable a los de las órdenes del Temple y el Hospital. En 1131, el rey Alfonso I el Batallador
de Aragón la declaró coheredera junto a éstas en el testamento que fijó
para repartir sus dominios (que no fue acatado por los nobles
aragoneses). A cambio de contentarse con otros patrimonios que no
discutiesen la sucesión real, el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona les confirió otras tierras en el reino de Aragón (sobre todo en Calatayud) y el Principado de Cataluña, siguiendo su ejemplo Jaime I el Conquistador durante las conquistas de Mallorca y Valencia.


Al conocerse la Restauración de la Orden, unos cuantos caballeros se
reunieron y enviaron una Circular a todos los Caballeros españoles cuyo
domicilio conocían, convocándolos a una Asamblea General. El 27 de marzo
de 1874 se constituyó así la Asamblea Española de Caballeros de la Orden Militar del Santo Sepulcro.


Tras diversas vicisitudes, el 26 de junio de 1882 obtuvieron del Ministerio de Estado el Regium Exequatur,
por el que los Caballeros españoles del Santo Sepulcro podían gozar de
las mismas consideraciones oficiales que se dispensan a los Caballeros
de las Órdenes Militares Españolas, a las que estaban asimilados.


En 1899, la Orden en España alcanzaría un nuevo reconocimiento a su valía. Acabada la restauración del templo de San Francisco el Grande (Madrid),
se emitirá la Real Orden, de 21 de febrero de 1899, para que en lo
sucesivo el Capítulo pueda celebrar sus reuniones y funciones religiosas
en dicho templo. Se le concede la capilla del Calvario y dos locales,
uno para revestirse los Caballeros y otro para poder guardar sus
efectos, para lo que incluso hubo que vencer la resistencia inicial del
propio rector del templo. En esta fecha se inicia el vínculo entre la
Orden y la iglesia de San Francisco el Grande, que se ha mantenido hasta nuestros días.


En la actualidad, la Casa Madre en España está situada en la Real Colegiata del Santo Sepulcro de Calatayud,
donde se reúnen los caballeros (que son canónigos honorarios de la
Colegiata) al menos una vez al año para celebrar su Capítulo General.
Existen dos lugartenencias, que se corresponden con las antiguas coronas
de Aragón y de Castilla y León, cada una regida por un Lugarteniente,
un Gran Prior y un Consejo:


Sede en Canarias

El 31 de enero de 2010, la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén formado por los Caballeros de la Sección de Canarias y de la Archidiócesis de Sevilla, ubicaron su sede para toda Canarias en la Iglesia de Los Dolores de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife).1


La Orden en México

La presencia de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén en México se puede trazar hacia la segunda mitad del siglo XVIII, con la llegada a tierras novohispanas del Dr. Tomás Cuber y Liñán, Oficial Mayor, Vicario General, Arcediano y Canónigo del Santo Sepulcro de Calatayud,2 quien pasó a Nueva España en 1755 como Fiscal del Real Tribunal del Santo Oficio en la Real Audiencia de México.3 En 1766 fue Fiscal Decano y electo para continuar su carrera en el Real Tribunal del Santo Oficio de Granada, por haber ascendido el Dr. Bernardo Antonio Calderón Láza (1764-1786) al antiguo Obispado de Osma.4


La restauración en 1847 por el papa Pío IX del Patriarcado Latino de Jerusalén,
supuso un paso importante, ya que otorgó al Patriarcado la
responsabilidad de gobernar y administrar la Orden. A partir de ese
momento, se encargó a sus miembros la especial tarea de soportar los
trabajos del Patriarcado orientados a mantener y difundir la presencia
de la Cristiandad en Tierra Santa. Hacia 1860, varios ciudadanos mexicanos residentes en Europa ingresaron a la Orden. Más adelante, contribuyeron a su establecimiento en México. Entre ellos, destacó el Dr. Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, nombrado Arzobispo de México en 1863.5


El mismo Pío IX emitió su Breve Cum Multa el 24 de enero de 1868. mediante este documento, estableció tres grados dentro de la Orden: Caballeros, Comendadores y Grandes Cruces; y se expidieron los reglamentos respectivos. Más adelante, León XIII emitió su Breve Venerabile Frater Vincentius el 3 de agosto de 1888, autorizando al Patriarca de Jerusalén a dar la Cruz de la Orden a Damas.6


En 1907, el Papa Pío X emitió el Decreto Quam Multa te Ordinamque, mediante el cual se reorganizó el Capítulo Mexicano. Se designó Bailío al médico Dr. José Domínguez de Murta. A su fallecimiento, le sucedió Carlos Rincón Gallardo y Romero de Terreros, Duque de Regla, Grande de España y Marqués de Guadalupe. A la muerte de Rincón Gallardo, Juan Liané y Roiz fue nombrado Lugarteniente del Capítulo Mexicano, título de acuerdo al nuevo reglamento de la Orden.7 Desde entonces, han ocupado dicho puesto: Guillermo Barroso Chávez, Pablo Campos Lynch, Ignacio Urquiza y Septién y Fernando Uribe Calderón.


En 1950, el siervo de Dios, Dr. Luis María Martínez Rodríguez, entonces Arzobispo de México, en solemne ceremonia en la Basílica de Santa María de Guadalupe de la Ciudad de México, constituyó el nuevo consejo de la Lugartenecia, ante la presencia del Cardenal Manuel Arteaga y Betancourt, Arzobispo de La Habana; acto en el cual, ingresaron numerosos caballeros y damas, y se impulsó la creación de la Intendencia de Nueva Galicia, misma que se estableció en 1953 mediante un solemne acto de investidura, gracias al Arzobispo de Guadalajara Dr. José Garibi Rivera (proclamado Cardenal en 15 de diciembre de 1958), y a Ricardo Lancaster-Jones y Verea, quien fue el Secretario General de aquella Intendencia.8


En 1968 el cardenal Eugène Tisserant, Gran Maestre de la Orden, visitó México, realizando diversas actividades que incluyeron un solemne acto de investidura. Más adelante, en 1998 el Cardenal Carlo Furno, Gran Maestre de la Orden, visitó México con objeto de participar en un solemne acto de investidura, mismo que se celebró en 15 de mayo, en la Parroquia de San Agustín, en la zona de Polanco de la Ciudad de México.9


Lugartenencia de México

En la actualidad hay más de 170 miembros pertenecientes a la Lugartenencia de México, misma que está integrada por tres Intendencias:


Cruzados del Santo Sepulcro en Guatemala

En Guatemala existe una asociación religiosa con el nombre de
cruzados del santo sepulcro que tiene a su cargo la veneración de la
pasión de Cristo a través de la bella imagen de Cristo al momento de la
crucifixión. Cuenta con más de 515 miembros activos en la actualidad y
su uniforme consta de túnica negra y la capa blanca con las cinco cruces
rojas al costado izquierdo, con más de 60 años de antigüedad es una de
las organizaciones religiosas más grandes de Guatemala y con más
participación del pueblo católico en sus actividades.


Organización

La Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén es una
« persona jurídica de derecho canónico », según el derecho de la Iglesia
católica, compuesta esencialmente de miembros laicos y eclesiásticos.


Las «Constituciones de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro», que rigen actualmente la Orden, han sido aprobadas el 8 de julio de 1977 por el papa Pablo VI.


Gobierno de la Orden


San Onofre en el Janículo (Roma), sede de la Orden.
Beneficiaria del estatuto de derecho pontifical, está bajo la protección de la Santa Sede y el gobierno de un Cardenal Gran Maestre.


En 2008 se estiman unos 25000 miembros de la Orden.


El Gran Maestre da las directrices y dirige la Orden. Se encarga de
las relaciones con la Santa Sede y las autoridades eclesiásticas y
civiles internacionales. A nivel nacional, delega generalmente sus
funciones en los lugartenientes o en delegados magistrales de los territorios bajo su competencia.


El Gran Magisterio de la Orden asiste al Gran Maestre en
organizar y coordinar sus actividades en todo el mundo, particularmente
en Tierra Santa, así como en la administración del patrimonio de la
Orden. Está compuesto por:


  • El Lugarteniente General, elegido entre los miembros laicos de la Orden. Representa al Gran Maestre.
  • El Gobernador General, igualmente elegido entre los miembros
    laicos, supervisa las actividades del Gran Magisterio, la Consulta y las
    comisiones, estudia las necesidades de obras en Tierra Santa y las lugartenencias y organiza la administración.
  • El Canciller, secretario del Gran Magisterio y de la
    Consulta, supervisa las nominaciones y promociones en la Orden así como
    las renovaciones en los cargos de las lugartenencias.
  • El Maestro de Ceremonias, elegido entre los miembros
    eclesiásticos, organiza las ceremonias religiosas y trata sobre las
    cuestiones concernientes a la vida espiritual de la Orden.
  • Una decena de miembros de la Orden, elegidos y nombrados por el Gran Maestre, de los cuales, dos tercios son laicos.
Para asistir al Gran Maestre existen:


  • El Consejo del Gran Magisterio, órgano ejecutivo del Gran
    Magisterio. Está compuesto por el Gobernador general, el Canciller y
    miembros eventuales del Gran Magisterio.
  • La Consulta, convocada y presidida por el Gran Maestre que determina la orden del día y reúne al Patriarca Gran Prior, al Asesor, los Lugartenientes y Delegados Magistrales, un representante de la Secretaría de Estado y un representante de la Congregación para las Iglesias Orientales.

Grandes Maestres de la Orden

En 1496, el papa Alejandro VI creó el cargo de Gran Maestre de la Orden, a cargo del papado hasta 1949. Desde esa fecha, han ocupado el cargo los siguientes cardenales:


El 29 de agosto de 2011, monseñor Edwin Frederick O'Brien fue nombrado "Pro-Gran Maestre" por el papa Benedicto XVI, hasta ese momento, arzobispo metropolitano de Baltimore
(Estados Unidos), sucediendo al cardenal John Patrick Foley, quien
renunció al cargo en febrero de 2011, debido a su mala salud y por
alcanzar la edad de 75 años, momento en que todos los obispos deben
ofrecer su renuncia al Papa.10


Véase también

Referencias


  • La Orden de Caballeros del Santo Sepulcro de Jerusalén establece sede para toda Canarias en La Laguna (Tenerife).

  • Enlaces externos


  • Archivo Histórico Nacional (Madrid), Consejo de Inquisición, 3736, EXP. 92


  • Archivo General de Indias, Casa de la Contratación, 5497, N.2, R.7


  • Archivo General de la Nación (Ciudad de México), Instituciones Coloniales, Inquisición, Volumen 1057, Expediente 10


  • Amerlinck y Zirión, Teodoro; "Capítulo General de la Lugartenencia de México de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén", México, 1983, p. 33.


  • Amerlinck y Zirión, Teodoro; "Capítulo General de la Lugartenencia de México de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén", México, 1983, pp. 34-35.


  • Lancaster-Jones y Verea, Ricardo; "Apuntes para la Historia de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén en México", Guadalajara, 1953, 56 páginas.


  • León de la Barra, Luis; "Órdenes y honores pontificios en México", México, 1957, pp. 17-35.


  • http://www.arquidiocesismexico.org.mx/Homilias%201998/Homilia%20980515.html


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