martes, 17 de mayo de 2016

La Persona Humana Fe

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Lo que los católicos creen
Sección 4:
La Persona Humana
CRISTIANISMO CATÓLICO
LA SERIE LUKE E. HART
ICA
.
Fe
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Caballeros de Colón le dedica esta Serie con afecto y gratitud
a Luke E. Hart evangelizador ejemplar y Caballero Supremo
de 1953 a 1964.
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Caballeros de Colón presenta
La Serie Luke E. Hart
Elementos Básicos de la Fe Católica
LA PERSONA HUMANA
PRIMERA PARTE•SECCIÓN CUATRO DE
CRISTIANISMO CATÓLICO
¿Qué cree un católico?
¿Cómo rinde culto un católico?
¿Cómo vive un católico?
Basado en el
Catecismo de la Iglesia Católica
por
Peter Kreeft
Editor General
Padre Gabriel B. O’Donnell, O.P.
Director de Servicio de Información Católica
Consejo Supremo de los Caballeros de Colón
104-S 12/15
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Nihil obstat: (provisto para el texto en inglés)
Reverend Alfred McBride, O.Praem.
Imprimatur: (provisto para el texto en inglés)
Bernard Cardinal Law
19 de diciembre de 2000
El Nihil Obstat y el Imprimatur son declaraciones oficiales de que un libro o cuadernillo está libre de
error doctrinal o moral. Estas autorizaciones no implican de forma alguna que quienes han otorgado
el Nihil Obstat y el Imprimatur estén de acuerdo con el contenido, las opiniones o las declaraciones
expresadas.
Derechos de Autor © 2001 del Consejo Supremo de los Caballeros de Colón
Todos los derechos reservados.
Las citas del Catecismo de la Iglesia Católica están tomadas de la traducción al español del Catecismo de la
Iglesia Católica, Segunda Edición: Modificaciones basadas en la Editio Typica, Derechos de Autor © 1997,
United States Catholic Conference, Inc.-Librería Editrice Vaticana.
Las citas de las Escrituras contenidas aquí están adaptadas en la versión en inglés del Revised Standard
Version of the Bible, copyright © 1946, 1952, 1971, y de New Revised Standard Version of the Bible,
copyright © 1989, por la División de Educación Cristiana del Concilio Nacional de las Iglesias de
Cristo en los Estados Unidos de América, y se utilizan con autorización. Todos los derechos reservados.
Para la versión en español se ha usado la Biblia de Jerusalén, © Desclée de Brouwer, Bruxelles,
(Belgium).
Los pasajes en inglés del Código de Ley Canónica, edición Latina/Inglés, se usan con autorización,
derechos de autor © 1983 Canon Law Society of America, Washington, D.C.
Las citas de documentos oficiales de la Iglesia, en la versión en inglés, de
Neuner, Josef, SJ, y Dupuis, Jacques, SJ, eds., The Christian Faith: Doctrinal Documents of the
Catholic Church, 5ta ed. (New York: Alba House, 1992). Usado con autorización.
Citas en inglés del Concilio Vaticano II: The Conciliar and Post Conciliar Documents, New Revised
Edition editada por Austin Flannery, OP, derechos de autor © 1992, Costello Publishing Company,
Inc., Northport, NY, se usan con autorización de la editorial, todos los derechos reservados. Ninguna
parte de estas citas puede ser reproducida o transmitida por ningún medio, electrónico o mecánico,
incluyendo fotocopias, grabaciones o archivada en un sistema de reproducción sin el permiso específico
de Costello Publishing Company.
Para esta versión en español, los textos del Concilio Vaticano están tomados de Documentos
Completos del Vaticano II, derechos reservados © Editorial: El Mensajero del Corazón de Jesús,
Bilbao, España.
Portada: Michelangelo Buonarroti (1475-1564), Creación de Adán, Sistine Chapel, Vatican Palace,
Vatican City State. © Scala/Art Resource, N.Y.
Ninguna parte de este cuadernillo puede ser reproducida o transmitida en cualquier forma o por
ningún medio, electrónico o mecánico, incluyendo fotocopias, grabaciones o archivada en un sistema
de reproducción sin el permiso escrito del editor. Escribir a:
Servicio de Información Católica
Consejo Supremo de los Caballeros de Colón
P.O. Box 1971
New Haven, CT 06521
Impreso en los Estados Unidos de América
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UNA PALABRA SOBRE ESTA SERIE
Este cuadernillo es uno de una serie de 30 que ofrece una
expresión familiar de elementos principales del Catecismo de la Iglesia
Católica. El Papa Juan Pablo II, bajo cuya autoridad se publicó el
Catecismo en 1992, instó a que se prepararan versiones de esta
naturaleza para que cada pueblo y cada cultura puedan apropiarse de
su contenido como si fuera suyo.
Los cuadernillos no sustituyen el Catecismo, pero se ofrecen
sólo para hacer más accesible su contenido. La serie es a veces
poética, familiar, festiva e imaginativa; en todo momento busca ser
fiel a la fe. A continuación los títulos de nuestra serie.
Parte I: Lo que los católicos creen (Teología)
Sección 1: Fe
Sección 2: Dios
Sección 3: Creación
Sección 4: La persona humana
Sección 5: Jesucristo
Sección 6: El Espíritu Santo
Sección 7: La Santa Iglesia Católica
Sección 8: El perdón de los pecados
Sección 9: La resurrección del cuerpo
Sección 10: La vida eterna
Parte II: Cómo rezan los católicos (Culto)
Sección 1: Introducción a la liturgia católica
Sección 2: Introducción a los sacramentos
Sección 3: Bautismo y confirmación
Sección 4: La Eucaristía
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Sección 5: Penitencia
Sección 6: Matrimonio
Sección 7: Orden y Unción de los enfermos
Sección 8: Oración
Sección 9: El Padre Nuestro
Sección 10: María
Parte III: Cómo viven los católicos (Moralidad)
Sección 1: La esencia de la moralidad católica
Sección 2: La naturaleza humana como base de la moralidad
Sección 3: Algunos principios fundamentales de moralidad
católica
Sección 4: Virtudes y vicios
Sección 5: Los Tres Primeros Mandamientos: Deberes hacia
Dios
Sección 6: El Cuarto Mandamiento: Moralidad familiar y
social
Sección 7: El Quinto Mandamiento: Temas morales sobre la
vida y la muerte
Sección 8: El Sexto y Noveno Mandamientos: Moralidad
sexual
Sección 9: El Séptimo y Décimo Mandamientos: Moralidad
económica y política
Sección 10: El Octavo Mandamiento: La verdad
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PRIMERA PARTE: LO QUE LOS
CATÓLICOS CREEN (TEOLOGÍA)
SECCIÓN 4:
LA PERSONA HUMANA
Nota: “Hombre” no significa “varones” ni “varones más que
mujeres”. A pesar de este hecho, la mayoría de los editores en la
actualidad censuran estrictamente el uso tradicional inclusivo de
“hombre” o “él” – un uso que se encuentra en todas las traducciones
al inglés de la Biblia, en todos los documentos de la Iglesia y en
todos los grandes libros seculares en la historia de la civilización
occidental.
Esta censura por lo general se insiste por respeto a los fuertes
sentimientos de feministas influyentes, y quizás por culpa y en
reparación por las numerosas injusticias reales que en el pasado los
hombres les han hecho a las mujeres.
En este cuadernillo se mantiene el lenguaje tradicional, no por
ningún deseo de excluir a las mujeres o de negar la igualdad total
entre hombres y mujeres (una realidad que se afirma en la Biblia),
sino debido a la convicción de que injusticias pasadas contra las
mujeres no se reparan con injusticias contra el idioma.
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En el idioma inglés, la palabra “hombre” realiza una función
doble; significa dos cosas. Puesto que el inglés tiene una sola palabra
(“hombre”) mientras que muchos otros idiomas tienen dos. En latín,
por ejemplo, homo significa “ser humano” y vir significa “ser humano
varón”. En griego, anthropos y aner conllevan la misma distinción.
Cuando los escritores decian: “Dios y el hombre” no querían decir
“Dios y varones”.
Entonces, ¿por qué no decir “Dios y la humanidad”? Porque
“Dios y el hombre” no solo suena mejor que “Dios y la humanidad”,
sino que tiene un significado diferente. “Hombre” es un término
concreto, como “Dios; pero “humanidad” es un término abstracto,
como “divinidad”.
1. La dignidad del hombre en la actualidad
Ningún siglo en la historia habló más sobre la dignidad del
hombre que el siglo veinte. Sin embargo, ningún siglo en la historia
amenazó la dignidad del hombre más, tanto en teoría como en la
práctica.
Amenazados en teoría porque los tres pensadores que mayor
influencia tuvieron en el siglo veinte – Darwin, Marx y Freud –
redujeron al hombre a algo sin alma: o un mono listo que
accidentalmente evolucionó, o una pieza en la maquinaria
económica del Estado, o un maniaco sexual reprimido.
Amenazado en la práctica debido a la invención más dramática
del siglo veinte, el genocidio: el asesinato deliberado de más de 100
millones de personas inocentes, más de la población entera del
mundo durante la mayor parte de la historia del hombre. Y no sólo
por parte de Hitler, Stalin, y Mao. En América la “libre”, más de
millón y medio de seres humanos al año continúan siendo
masacrados en el vientre.
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La causa de esta carnicería humana debería ser obvia para
cualquier cristiano judío o musulmán. Una vez que “Dios está
muerto” para cualquier sociedad o ideología, así también está su
imagen del hombre. “La Abolición del Hombre” (el título del
libro profético de C.S. Lewis) proviene de la abolición de Dios.
Puesto que Dios es la fuente de toda vida, y cuando cualquier
cultura dice NO a Dios, dice No a la vida y se convierte en lo que
el Papa Juan Pablo II se ha atrevido a llamar una “cultura de
muerte”.
La defensa del hombre es así atada con la defensa de Dios. Son
inseparables. “Si alguno dice: ‘Yo Amo a Dios’, y odia a su hermano,
es un mentiroso” (1 Jn 4,20).
2. La base para la dignidad del hombre
De igual forma, si alguien dice: “Amo al hombre”, pero odia
a Dios, es un mentiroso. Puesto que un gran edificio no se
sostendrá sin una base sólida. Cada persona en nuestra cultura
afirma “la dignidad del hombre”, pero ¿cuál es su base? ¿Qué evita
su colapso?
La respuesta católica es clara: “De todas las criaturas visibles
sólo el hombre es ‘capaz de conocer y amar a su Creador,’202…[S]ólo
él está llamado a participar, por el conocimiento y el amor, en la vida
de Dios. Para este fin ha sido creado y ésta es la razón fundamental
de su dignidad” (C 356). Esta es una de las oraciones más cruciales
y retadoras en el Catecismo para nuestros tiempos.
La dignidad del hombre descansa sobre su destino. Él no es sólo
del polvo y para el polvo, sino de Dios y para Dios.
Incluso la teoría de la evolución está de acuerdo con el relato
de Génesis de ver al hombre como la culminación del proceso
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natural. Nosotros naturalmente nos preguntamos cuál es el punto y
el fin de todo el universo; la respuesta no es sólo sus gases y sus
galaxias, sino el hombre que hace esa pregunta. Las galaxias son sólo
el escenario, el ambiente para la obra; nosotros somos los actores.
El universo es una gran catedral. Las estrellas y los mares son
cuadros sagrados de Dios en las paredes para alzar la mente del
hombre para que rinda culto y adore a su Creador. Sin Dios la
catedral pierde su significado, su dignidad y su destino. Así también
sucede con el hombre, el que rinde culto.
El hombre tiene valor y dignidad porque es una cosa sagrada,
como la Eucaristía. En el hombre también, Cristo está
verdaderamente escondido.
3. Cristo como el significado del hombre
“‘Realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el
misterio del Verbo encarnado’207” (C 359). El hombre ve su propio
significado y destino con mucha más claridad en Cristo que en
cualquiera de sus propias ideas o sueños, filosofías o psicologías,
ideales éticos o sociales. Cristo es la respuesta a la pregunta más
importante y retadora que podamos hacer: ¿Qué se supone que yo
sea? ¿Cuál es el significado de mi vida? A esta pregunta tenemos no
sólo una respuesta abstracta, una teoría, sino una respuesta concreta,
un hecho, Jesucristo el hombre. Él es los datos para que el hombre se
conozca a él mismo.
Para entender estos datos concretos, consultemos nuestros
datos escritos, la Biblia (tanto Cristo como las Escrituras se llaman
“la Palabra de Dios”).
Los cristianos leen el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo,
así como un agricultor interpreta una semilla a la luz de sus frutos.
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Por eso debemos esperar encontrar a Cristo también en el centro del
Antiguo Testamento. Y lo encontramos, comenzando con la
creación por Dios del universo y del hombre.
Génesis 1 dice que Dios creó el universo a través de su
Palabra, pero no dice cuál es la Palabra de Dios. El Nuevo
Testamente sí lo dice. Jesucristo es la Palabra de Dios (Jn 1, 1-14).
Génesis 1, 26-27 dice que Dios hizo al hombre “a imagen de
Dios”, pero no dice cuál es la imagen de Dios. El Nuevo Testamento
sí lo dice. Jesucristo es la imagen de Dios (Rom 8,29; Cor 15,49).
La dignidad del hombre está basada en el hecho de que es creado
para ser como Cristo.
En este mundo de Caída, eso significa la Cruz de Cristo: amor
abnegado que culminó en la muerte. Y en el próximo mundo
significa la gloria total del cuerpo resucitado de Cristo.
4. Cristo como la base de la solidaridad humana
El hombre encuentra su significado en Cristo no sólo como un
ejemplo o ideal para imitar, sino como la “Cabeza” de un “Cuerpo”
que es orgánicamente uno, y uno con su Cabeza, así como lo que se
encuentra entre tus hombros es orgánicamente uno con el cuerpo
que dirige. Somos los “miembros” de Cristo (1Cor 12,14-27; Rom
12,4-5) – “miembros” no como accionistas de una corporación, sino
como las extremidades de un cuerpo.
La solidaridad humana, como la dignidad humana, es otra
idea que el hombre moderno con razón elogia, pero por lo general
sin conocer su verdadera base. ¿Por qué somos uno? ¿Son todos los
hombres uno meramente debido a nuestro origen material en
Adán (o en los monos)? ¿O es más bien debido a nuestro fin,
nuestro destino en Cristo? La pregunta no es simplemente
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teórica. Nuestra cultura ahora cuestiona seriamente por qué
debemos respetar toda vida humana, incluyendo al no nacido, al
que tiene impedimento severo, al que tiene retardo, al
desquiciado, al enfermo, al moribundo, incluso al malvado y al
criminal. Y nuestra cultura no sabe la respuesta. ¿Por qué
debemos tratar a esta gente que nos causan inconvenientes y son
“rechazadas” como a nuestros hermanos? La Iglesia proclama a
gritos la dulce respuesta: porque son nuestros hermanos, “en
Cristo”.
En la Encarnación, Cristo asumió nuestra naturaleza humana
– toda la humanidad, no sólo un cuerpo judío, masculino, blanco.
Cristo se hizo hombre, no sólo un hombre. Por consiguiente, todos los
hombres llevan la imagen del Hijo, así como la del Padre. Los no
cristianos no pueden deshacer la imagen de Cristo en ellos
negándolo como tampoco los ateos no pueden deshacer la imagen
del Padre en ellos negándola.
“La hermandad del hombre” se basa en la “Paternidad de Dios”
encarnada en el Cuerpo de Cristo. ¿Por qué somos uno? La Iglesia
no sólo dice la respuesta: “el Cuerpo de Cristo”. Ella es la respuesta.
5. El cuerpo humano
El hombre fue creado “a imagen de Dios” (Gn 1, 26-27). ¿Que
es “a imagen de Dios?” No es sólo el alma. Aunque la naturaleza de
Dios es espíritu, no cuerpo (Jn 4,24), sin embargo, “[e]l cuerpo del
hombre participa de la dignidad de la ‘imagen de Dios’… [E]s toda
la persona humana la que está destinada a ser, en el Cuerpo de
Cristo, el Templo del Espíritu216” (C 364). Es por eso que nuestros
cuerpos son sagrados, “templos del Espíritu Santo” (1 Cor 3,16-17;
6,19).
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“‘Por consiguiente, no es lícito al hombre despreciar la vida
corporal, sino que, por el contrario, tiene que considerar su cuerpo
bueno y digno de honra, ya que ha sido creado por Dios y ha de
resucitar en el último día’217” (C 364).
No somos ni animales ni ángeles. Nuestros cuerpos no son ni
la totalidad de nuestra naturaleza, como sucede con los animales, ni
fuera de nuestra naturaleza, como sucede con los ángeles. No son
externos a nosotros, ni disfraces para que los espíritus se escondan,
como las máscaras del Día de las Brujas (Halloween), ni
instrumentos para que las mentes los manipulen, como las
computadoras. Nosotros somos esencialmente cuerpo así como
espíritu.
¿Por qué Dios nos diseñó así?
Dios nos diseñó para ser los sacerdotes de toda la creación.
“Dios creó todo para el hombre,205 pero el hombre fue creado para
servir y amar a Dios y para ofrecerle toda la creación” (C 358).
¿Cómo entonces cumplimos nuestro destino como los
sacerdotes de toda la creación?
Cuando nos ofrecemos a Dios, ofrecemos todo el universo en
nuestro cuerpo, puesto que nuestro cuerpo es un “microcosmo”, un
pequeño cosmos, el universo en miniatura. Estamos hechos de
material de las estrellas y material de mineral, y vida de plantas y
sensaciones de animales, así como con mente y voluntad y corazón.
“‘Por su misma condición corporal, reúne en sí los elementos del
mundo material, de tal modo que, por medio de él, éstos alcanzan
su cima y elevan la voz para la libre alabanza del Creador…’217” (C
364). En nosotros, los ríos baten palmas, a una los montes gritan de
gozo (Sal 98,8).
Así, la naturaleza se humaniza en nosotros. Y nosotros nos
divinizamos en Cristo. Somos el puente entre la materia y el
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espíritu, y Cristo es el puente entre el hombre y Dios. Como dicen
las Escrituras, “todo es vuestro; y vosotros de Cristo y Cristo, de
Dios” (1Cor 3,22-23).
6. La unidad del alma y el cuerpo
El hombre no es meramente un cuerpo (eso es
materialismo). Ni tampoco es meramente un alma (eso es
espiritualismo). Tampoco es dos seres, como un fantasma en una
máquina (eso es dualismo). Él es un ser en dos dimensiones,
corporal y espiritual. “La unidad del alma y del cuerpo es tan
profunda que se debe considerar al alma como la ‘forma’ del
cuerpo [‘forma’ aquí no significa ‘forma externa’ sino ‘significado
intrínsico’]:218 es decir, gracias al alma espiritual, la materia que
integra el cuerpo es un cuerpo humano y viviente; en el hombre,
el espíritu y la materia no son dos naturalezas unidas, sino que su
unión constituye una única naturaleza” (C 365).
El alma humana no está aprisionada en el cuerpo, como
enseñó Platón, sino expresada en él, así como el significado de una
obra escénica se expresa en sus palabras. Y al cuerpo no lo
esclaviza el alma sino que lo completa, como una bella pieza de
mármol se completa y se lleva a la perfección en una gran obra de
escultura.
7. El alma humana
El alma humana no es un espíritu puro, como un ángel. Es la
“forma” del cuerpo; su tarea es informar al cuerpo. El cuerpo no es
una casa y el alma no es un fantasma. ¡No somos ‘encantados’! El
alma no es algo extraño, oculto, o extraterrestre. Justamente lo
opuesto. Es quiénes somos; es nuestra personalidad. Dios nos lo dio
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en la concepción (ese momento mágico que fue también el comienzo
de nuestro cuerpo), y nosotros le damos forma a través de todas las
selecciones de la vida.
Las enseñanzas más importantes de la Iglesia respecto al alma
son “[1] que cada alma espiritual es directamente creada por Dios219
– no es ‘producida’ por los padres – [2] y que es inmortal:220 no
perece cuando se separa del cuerpo en la muerte, y [3] se unirá de
nuevo al cuerpo en la resurrección final” (C 366).
En cada uno de estos tres puntos hay buena razón para
nuestra fe:
1) El alma tiene que ser creada antes que evolucionada, puesto
que la materia no puede hacer espíritu, al igual que el
espacio no puede hacer el tiempo ni el color puede hacer
sonido. Son dos dimensiones diferentes. “No se puede sacar
sangre de una piedra”, como tampoco se puede obtener
autoconciencia y libre voluntad de los átomos y moléculas.
2) El alma tiene que ser inmortal puesto que no está
compuesta de átomos dispersos en el espacio ni tienen la
capacidad de ser cortados en partes. No está compuesto, por
lo que no se puede descomponer.
3) El alma tiene que reunirse con un nuevo cuerpo puesto que
Dios hizo al hombre como una unidad alma-cuerpo, y Dios
no comete errores. Por consiguiente, la resurrección del
cuerpo se necesita para completar y perfeccionar nuestra
naturaleza humana en el cielo. (Entre la muerte y la
resurrección, estamos incompletos). No nos convertimos en
ángeles como tampoco nos convertimos en hormigas.
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8. La sexualidad humana*
Dios “inventó” el sexo. Es por eso que no es “malo” ni “sucio”.
Ni tampoco es meramente neutral, para usarse según nos plazca. Es
bueno, y sagrado.
Ningún aspecto de la enseñanza de la Iglesia es más
malinterpretado y más rechazado hoy que sus principios que no
cambian ni se pueden cambiar respecto a la moralidad sexual.
Puesto que éstos no pueden comprenderse excepto en el contexto de
su visión del hombre.
El hombre no ha evolucionado por accidente o pura casualidad.
La existencia del hombre se debe al amor infinito de Dios. El
hombre es querido por Dios, deliberadamente diseñado como
masculino y femenino. Esa es la primera razón por la que el sexo es
sagrado.
La segunda razón es que Dios ha diseñado, y querido no sólo
su existencia, sino también su propósito. Es sagrado no sólo debido
a su origen sino también debido a su fin. Ese propósito es de ser el
medio de pro-crear las cosas más grandes en el universo: personas
nuevas, con almas inmortales. “Al transmitir a sus descendientes la
vida humana, el hombre y la mujer, como esposos y padres, cooperan
de una manera única en la obra del Creador230” (C 372).
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________________________
*(Una palabra respecto a las palabras. A través de los siglos de uso en inglés, “sexo“
significaba no meramente algo que hacemos (copulación) sino algo que somos (masculino
y femenino). Y “género“ significaba algo gramático, no biológico: las palabras género
(nombres masculino y femenino). Hoy, “género“ significa lo que “sexo“ antes significaba,
y “sexo“ significa sencillamente copulación, o hasta cualquier estímulo erótico (“teniendo
sexo“). En otras palabras, hemos sacado la palabra “sexo“ de nuestro ser personal y la hemos
reducido a nuestro hacer biológico, y hemos sacado la palabra “género“ de la gramática y la
hemos exaltado para referirse al ser humano).
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La relación sexual es como la Consagración en la Misa. Es una
obra humana que Dios utiliza como medio material para realizar la
obra más divina que se realiza en la tierra. En la Misa, el hombre
ofrece pan y vino, la obra de la naturaleza y de las manos humanas,
para que Dios los transforme en el cuerpo y la sangre de Cristo. En
el sexo, el hombre ofrece su obra – la procreación de un nuevo
cuerpo – para que Dios realice su trabajo: la creación de una nueva
alma. Dios concede a los sacerdotes la increíble dignidad de ser sus
instrumentos para obrar uno de sus dos grandes dones. Dios concede
a los esposos la increíble dignidad de ser sus instrumentos para obrar
el otro.
Algo que es tan bueno “ontológicamente”, es decir, en su ser,
esencia o naturaleza, tiene que ser respetado y usado como es debido.
El mal uso de algo que es ontológicamente bueno es moralmente
malo. Mientras mejor y más importante sea ontológicamente,
cuanto más seriamente perjudicial es su abuso moral. Tenemos
reglas para el uso cuidadoso de obras de arte valiosas, no para los
sujetapapeles.
Los principios de la moralidad sexual esencialmente no
cambian, puesto que el significado de sexo esencialmente no
cambia. Provienen de la misma naturaleza humana que Dios diseñó,
no de costumbres cambiantes de la sociedad que el hombre diseña.
La ley de Dios es muy clara: ningún sexo adulterado, o sea, sexo
fuera del matrimonio. Así como la Santa Misa es el lugar para la
Transubstanciación, el santo matrimonio es el lugar para el sexo.
9. Complementariedad de los hombres y las mujeres
La visión bíblica y católica de la sexualidad rechaza tanto el
chauvinismo, que considera un sexo (cualquiera de los dos) como
superior, y unisexualismo, que considera los dos sexos como
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diferentes sólo por convención social, no por naturaleza. Dios
inventó el sexo y Dios creó a los hombres y a las mujeres diferentes en
naturaleza pero con igual valor. El chauvinismo y unisexismo
comparten la común suposición falsa de que todas las diferencias
tienen que ser diferencias en valor.
Dios diseñó masculino y femenino para complementarse,
completarse y perfeccionarse uno al otro, amarse uno al otro y
encontrar gozo uno en el otro, tanto biológica como
espiritualmente. “El hombre y la mujer están hechos ‘el uno para el
otro’: no que Dios los haya hecho ‘a medias’ e ‘incompletos’; [pero
que] los ha creado para una comunión de personas, en la que cada
uno puede ser ‘ayuda’ para el otro porque son a la vez iguales en
cuanto personas… y complementarios en cuanto masculino y
femenino” (C 372).
La comunidad primera y fundamental fue un hombre y una
mujer, Adán y Eva. El primer cimiento de toda comunidad humana,
no importa cuán extendida, aun mundialmente, es la familia. Y la
familia, no importa cuán extendida, tiene su base en este primer
cimiento: un hombre y una mujer convirtiéndose en “una carne”
(Mt 19,3-6).
10. El hombre y la naturaleza
Por un lado, el hombre es parte de la naturaleza. Es la
culminación de la creación, pero el es una criatura, no el Creador.
Tampoco es un ángel confrontando la naturaleza desde el exterior. La
naturaleza no es su máquina sino su “jardín”, para ser amado,
respetado y cuidado (Gn 2,15).
Por el otro lado, el hombre es superior a la naturaleza por su
razón y libre voluntad; y Dios le confió el “dominio” (autoridad o
gobierno) de la naturaleza (Gn 1,28-29). El hombre es el artista. La
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naturaleza es su material y su estudio. Un artista “domina” su
material conociéndolo, amándolo y respetándolo.
Para dominar su material, un artista primero tiene que
dominarse a sí mismo: “El ‘dominio’ del mundo que Dios había
concedido al hombre desde el comienzo, se realizaba ante todo
dentro del hombre mismo como dominio de sí. El hombre estaba…
libre de la triple concupiscencia237 [deseo desordenado], que lo
somete [como un adicto] a los placeres de los sentidos [lujuria], a la
apetencia de los bienes terrenos [avaricia] y a la afirmación de sí
[orgullo] contra los imperativos de la razón” (C 377).
El autodominio llega a través de las tres virtudes de pobreza,
castidad y obediencia. (Estas tres la toman formalmente como votos
de toda la vida los hombres y mujeres católicos que pertenecen a
institutos y sociedades de vida consagrada). Son las tres armas que
contradicen los tres vicios principales de avaricia, lujuria y orgullo,
que vienen de las tres fuentes de tentación, “el mundo, la carne y el
diablo”. El orgullo competitivo fue la invención del diablo, quien
nos enseñó a querer ser “como dioses” (Gn 3,5).
11. La Caída del hombre
¿Cómo sucumbió el hombre a la tentación? ¿Fue la “Caída” un
suceso histórico?
“El relato de la Caída (Gn 3) utiliza un lenguaje hecho de
imágenes, pero afirma un acontecimiento primordial, un hecho que
tuvo lugar al comienzo de la historia del hombre249” (C 390). La Iglesia
no requiere que interpretemos las historias de la creación y la caída
en Génesis literalmente, pero insiste que deben ser interpretadas
históricamente, como algo que verdaderamente sucedió.
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Puesto que si la creación no fue un suceso histórico real (no
importa cuán simbólicamente se relata ese suceso en Génesis), sino
un mero “mito” en el sentido popular, como Santa Claus, entonces
¿cómo llegó aquí el universo?
Y si la Caída no fue un suceso histórico real (también narrada
en lenguaje simbólico), sino sólo un “mito”, entonces ¿cómo llegó
aquí el pecado? El pecado es un hecho histórico, tan real como el
universo. Su causa también tiene que ser un hecho histórico.
12. El origen del mal
Sólo hay dos alternativas a la Caída, dos otras respuestas
posibles a la interrogante del origen del pecado. Si el mal no es culpa
nuestra, tiene que ser culpa de algo más grande que nosotros o de
algo menos que nosotros: Dios o la naturaleza. Si una estatua tiene
defectos, tenemos que culpar a su escultor o su material – a menos
que la estatua hubiera tenido libre voluntad y alterara el diseño del
escultor.
Dios es todo bondad, por lo que no puede ser el origen del mal.
Y él es todopoderoso y creó el universo de la nada, por lo que la
materia no es el origen del mal; esta sujeta a su voluntad, y es buena.
El único culpable que queda es el que vemos en el espejo.
Al confrontar el misterio del mal, tenemos que ser por lo
menos lo suficiente sinceros para comenzar a admitir la realidad de
nuestros datos: el mal humano, perversidad moral, pecado. “El
pecado está presente en la historia del hombre: sería vano intentar
ignorarlo o dar a esta oscura realidad otros nombres” (C 386). G.K.
Chesterton dijo que el pecado era el único dogma cristiano que se
puede probar simplemente leyendo el periódico.
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La única explicación adecuada de mal “horizontal”, el mal que
nos hacemos unos a otros (como cuando Caín mató a Abel), es la
historia anterior del mal “vertical”: la caída, el hombre declarando
independencia de Dios, la fuente de todo bien. “Para intentar
comprender lo que es el pecado, es preciso en primer lugar
reconocer el vínculo profundo del hombre con Dios, porque fuera de esta
relación, el mal del pecado no es desenmascarado en su verdadera
identidad…” (C 386).
13. La necesidad de la revelación divina para comprender al hombre
Es por esto que las explicaciones seculares del mal no son
suficientes. “Sin el conocimiento que ésta [la revelación] nos da
de Dios no se puede reconocer claramente el pecado, y se siente la
tentación de explicarlo únicamente como un defecto de
crecimiento, como una debilidad psicológica, un error, la
consecuencia necesaria de una estructura social inadecuada…” (C
387). Sin la revelación de Dios, sin el conocimiento de que la
naturaleza humana en su estado actual ha caído de su verdadera
norma, y por consiguiente no “normal” sino “anormal”, todos los
juicios del hombre están al revés. Entonces consideramos el
pecado como “normal” y “humano”, y consideramos la santidad
como “anormal” y “sobrehumana”, algo así como los borrachos
podrían considerar a los que están sobrios como anormales. Ese es
precisamente el error fundamental sobre el hombre que nuestra
sociedad secular asume. “Ignorar que el hombre posee una
naturaleza herida, inclinada al mal, da lugar a graves errores en el
dominio de la educación, de la política, de la acción social,284 y de
las costumbres” (C 407).
El hombre es como un perro enjaulado en una estación del
tren que se ha comido su etiqueta de identidad, por lo que no
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conoce su verdadero nombre ni el nombre de su amo. No sabe de
dónde ha venido o a dónde se supone que vaya. La revelación
divina nos devuelve nuestra etiqueta de identidad. Es
información crucial. Nuestro amo es nuestro Creador, nuestro
nombre es “querido hijo de Dios”, y nuestro destino es el cielo.
Es crucial que mantengamos esta etiqueta de identidad, que la
apreciemos, la leamos y la recordemos y que vivamos de acuerdo
a ella.
14. El pecado
La Caída fue una caída al pecado. ¿Qué es pecado?
“…[E]l pecado…es, por así decirlo, ‘el reverso’ de la Buena
Nueva de que Jesús es el Salvador…” (C 389). La Buena Nueva
presupone las Malas Nuevas, al igual que la prognosis de una cura
presupone el diagnóstico de la enfermedad.
La idea del pecado es muy impopular en el mundo moderno
occidental. Pero es una parte esencial del Evangelio cristiano, y
“[l]a Iglesia, que tiene el sentido de Cristo,248 sabe bien que no se
puede lesionar la revelación del pecado… sin atentar contra el
Misterio de Cristo” (C 389). ¿Pues, de qué nos salva Cristo el
Salvador? “le pondrás por nombre Jesús [que significa ‘Salvador’,
o ‘Dios salva’] porque él salvará a su pueblo de sus pecados”
(Mt 1,21).
El pecado no significa que somos totalmente malos, o peores
que el bien (¿cómo se podría medir eso?) o que nuestro propio ser es
malo, o que ya no somos infinitamente valiosos e infinitamente
amados por Dios. Significa que estamos seriamente heridos, una
obra maestra mutilada. Mientras más valiosa sea la obra de arte, más
terrible es su mutilación.
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15. Las consecuencias de la Caída
“La Escritura [Génesis 3] muestra las consecuencias
dramáticas de esta primera desobediencia. Adán y Eva… [1]
tienen miedo del Dios263 de quien han concebido una falsa imagen,
la de un Dios celoso de sus prerrogativas264” (C 399). [2] “El
dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se
quiebra;265 [3] la unión entre el hombre y la mujer es sometida a
tensiones;266 sus relaciones estarán marcadas por el deseo y el
dominio.267 [4] La armonía con la creación se rompe; la creación
visible se hace para el hombre extraño y hostil.268… [5] Por fin, la
consecuencia explícitamente anunciada para el caso de
desobediencia269 se realizará… La muerte hace su entrada en la
historia de la humanidad271” (C 400).
Una vez que la armonía entre nuestra alma y Dios se rompe,
todas las armonías que dependen de ésa también se rompen: la
armonía con la naturaleza (las espinas y los cardos, el sudor de la
frente y el dolor al dar a luz), la armonía entre el cuerpo y el alma
(la enfermedad y la muerte), la armonía entre hombre y mujer
(Adán culpa a Eva), y la armonía entres hermanos (Caín mata a
Abel).
16. Las tres etapas de la historia: malas noticias y buenas noticias
La historia humana, como todas las historias que contamos,
tiene tres etapas. Una situación siempre tiene que establecerse,
entonces de alguna forma se tiene que trastornar, luego de alguna
forma volverse a montar, ya sea con éxito o sin éxito. La historia de
la Biblia sigue estas tres etapas: creación, caída y redención.
Primero, el buen Dios crea un mundo bueno y al hombre; luego el
hombre desfigura la creación de Dios y a sí mismo; entonces Dios
laboriosamente lo vuelve a poner en orden. Las tres etapas son el
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Paraíso (el Edén), el Paraíso Perdido (la caída), y el Paraíso
Recobrado (la Redención).
(El rosario también ve a través de estas tres etapas: primero
cinco misterios gozosos, luego cinco misterios dolorosos, entonces
cinco misterios gloriosos. “Uno para pesar, dos para alegrarse”).
Ya en Génesis 3 vemos el comienzo de la tercera etapa, la
redención, cuando Dios promete la victoria eventual de Cristo sobre
todo mal. Génesis 3,15 es la primera profecía del Evangelio, el
protoevangelium.
17. ¿Por qué permitió Dios el pecado?
“Pero ¿por qué Dios no impidió que el primer hombre pecara?
San León Magno responde: ‘La gracia inefable de Cristo nos ha dado
bienes mejores que los que nos quitó la envidia del demonio294’. Y
Santo Tomás de Aquino: ‘Nada se opone a que la naturaleza humana
haya sido destinada a un fin más alto después del pecado. Dios, en
efecto, permite que los males se hagan para sacar de ellos un mayor
bien. De ahí las palabras de San Pablo: “Donde abundó el pecado,
sobreabundó la gracia” (Rm 5, 20). Y el canto del Exultet: “¡Oh feliz
culpa que mereció tal y tan grande Redentor!”’295” (C 412).
18. ¿Es el hombre bueno o malo?
Es ambas cosas.
Dos extremos son perennemente posibles y populares: el
pesimismo, que deniega la bondad del hombre, y el optimismo, que
deniega el mal. La Iglesia rechaza ambos errores.
Así, rechazó el pelagianismo, la herejía del siglo quinto que
enseñó que el hombre es tan bueno que se puede salvar a sí mismo
sin la gracia de Dios. Pelagio menospreció el pecado original (ver
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Parte I, Sección 8, párrafos 5-6) y “así reducía la influencia de la falta
de Adán a la de un mal ejemplo” (C 406). Pero la Iglesia también
rechazó la enseñanza de los luteranos y calvinistas en el siglo
dieciséis de que el hombre es tan malo (“depravación total”) que no
puede escoger libremente cooperar con la gracia de Dios.
____________________
Notas del Catecismo en el orden en que aparecen en Citas usadas en
esta sección:
202 GS 12 § 3.
207 GS 22 §1.
216 Cf. 1Cor 6,19-20; 15,44-45
217 GS 14 § 1.
205
Cf. GS 12 § 1,24 § 3,39 § 1.
217 GS 14 § 1.
218 Cf. Concilio de Vienne, año 1312: DS 902.
219 Cf. Pío XII, enc. Humani generis, año 1950: DS, 3896; Paulo VI, Credo del Pueblo
de Dios, 8.
220 Cf. Concilio de Letrán V, año 1513: DS, 1440.
230 Cf. GS 50 § 1.
237 Cf. 1Jn 2,16.
249 Cf. GS 13 § 1.
284 Cf. Juan Pablo II, CA 25.
248 CF 1Cor 2, 16.
263 Cf. Gen 3, 9-10.
264 Cf. Gen 3, 5.
265 Cf. Gen 3, 7.
266 Cf. Gen 3,11-13.
267 Cf. Gen 3,16.
268 Cf. Gen 3,17,19.
269 Cf. Gen 2,17.
271 Cf. Rom 5,12.
294 San León Magno, Sermones 73, 4: PL 54, 396.
295 Santo Tomás de Aquino, STh III, 1,3, ad 3.
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104-S 12/15
La
CRIS
SERVICIO DE INFORMACIÓN CATÓLICA
Verdadera información católica y no simples opiniones.
En relación con la nuevas generaciones, los fieles laicos deben ofrecer una
preciosa contribución, más necesaria que nunca, a una sistemática labor de
catequesis. Los Padres sinodales han acogido con gratitud el trabajo de los
catequistas, reconociendo que éstos “tienen una tarea de gran peso en la
animación de las comunidades eclesiales”. Los padres cristianos son, desde
luego, los primeros e insustituibles catequistas de sus hijos... pero, todos
debemos estar conscientes del “derecho” que todo bautizado tiene de ser
instruido, educado, acompañado en la fe y en la vida cristiana.
Papa Juan Pablo II, Christifideles Laici 34
Exhortación Apostólica sobre la Vocación y Misión
de los Laicos en la Iglesia y en el Mundo.
Acerca de los Caballeros de Colón
Los Caballeros de Colón, una sociedad de beneficios fraternales fundada en
1882 en New Haven, Connecticut por el Venerable Siervo de Dios el Padre
Michel J. McGivney, es la organización más grande de laicos católicos, con
más de 1.9 millones de miembros en América, Europa y Asia. Los Caballeros
ayudan a su comunidad y a las demás comunidades, y cada año contribuyen
con millones de horas de servicio voluntario a causas caritativas. Los
Caballeros fueron los primeros en brindar apoyo financiero a las familias de
los policías y del personal del departamento de bomberos que fallecieron en
los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y trabajan muy de cerca
con los obispos católicos para proteger la vida humana inocente y el
matrimonio tradicional. Para buscar más acerca de los Caballeros de Colón
visita el sitio www.kofc.org.
Si tiene preguntas especificas o desea obtener un conocimiento más amplio
y profundo de la fe católica, el SIC le puede ayudar. Póngase en contacto con
nosotros en:
Caballeros de Colón, Servicio de Información Católica
Po Box 1971 New Haven, CT 06521-1971
Teléfono 203-752-4267 Fax 800-735-4605
cis@kofc.org
www.kofc.org/sic
Proclamando la Fe
En el Tercer Milenio
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“La Fe es un regalo de Dios que nos permite conocerlo y
amarlo. La Fe es una forma de conocimiento, lo mismo que la
razón. Pero no es posible vivir en la fe a menos que lo
hagamos en forma activa. Por la ayuda del Espíritu Santo
somos capaces de tomar una decisión para responder a la
divina Revelación y seguirla viviendo nuestra respuesta”.
Catecismo Católico de los Estados Unidos para los Adultos, 38.
Acerca del Servicio de Información Católica
Los Caballeros de Colón, desde su fundación, han participado en
la evangelización. En 1948, los Caballeros iniciaron el Servicio de
Información Católica (SIC) para ofrecer publicaciones católicas
a bajo costo al público en general, lo mismo que a las
parroquias, escuelas, casas de retiro, instalaciones militares,
dependencias penales, legislaturas, a la comunidad médica, o a
personas particulares que las soliciten. Por más de 60 años, el
SIC ha impreso y distribuido millones de folletos y miles de
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